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sábado, 28 de noviembre de 2015

Hola, soy Andrés.

No quiero ser recordado como “el niño de la patineta”, ni que me llamen “un ángel más en el cielo”.
Mi historia merece mucho más que eso.
Soy Andrés el Hijo de Catalina y Alfonso, Hermano de Poncho.
Soy Andrés el Nieto, Sobrino, Primo, amigo.
El Andrés ocurrente, alegre y genial, el que era la alegría de la casa. 
El Andrés que disfrutaba tanto haciendo reír a la gente.
El Andrés amoroso, detallista y sensible.
El Andrés que admiraba tanto a su Papi, que lleno de fe rezaba cada día junto a él.
El Andrés enamorado de su Mami, que tantas veces le decía "Qué bonita te ves!".
El Andrés que amaba tanto a su Hermano, que hubiese dado la vida por él. 
El Andrés festivo, líder, bullicioso, que cuando cantaba lo hacía a todo pulmón. 
El Andrés osado, del look diferente, el que sobresalía en cada reunión.
El Andrés que se ponía la camiseta en la cancha.
El Andrés terco, obstinado, que no se rendía.
El Andrés que lo daba todo con tal de ayudar a un amigo.
El Andrés que cantaba y que amaba los colores alegres.
El Andrés de la sonrisa contagiosa, el que lo decía todo con una mirada.
El que era capaz de liarse a golpes por defender a una mariposa monarca.
El Andrés que tal vez no era perfecto, pero que siempre luchó por sus ideales.
El Andrés que vivió a plenitud y que amó la vida intensamente.
El Andrés que amó a cada persona que tocó su vida, y que fue amado por cada vida que tocó.
El Andrés que ha dejado un sitio vacío en su salón de clases.
Una almohada vacía, un gato sin alimento, y mil tareas pendientes.
Pero la vida es así, y ya estaba escrito desde el inicio de los tiempos que yo llegaría a mi Cita más importante. 
Pero sigo siendo el Andrés que extrañará todo lo que tuvo, y al que extrañarán todos los que me tuvieron.
Hoy quiero pedirte por todos ellos, por los que no hicieron más que darme amor a manos llenas, desde mi primer hasta mi último aliento.
Por todos aquellos que me brindaron la mejor vida que pude haber tenido.
Acércate a ellos, no tengas miedo.
Tu compañía será muy importante en estos momentos.
Abrázalos, un abrazo dice más que mil palabras.
Hazles saber lo mucho que los quieres.
Si quieren llorar, no se los impidas, el llanto lava las heridas del alma.
Escúchalos, no los interrumpas.
Si eligen nombrarme, no eludas mi nombre.


Por favor no les digas que estoy en un mejor lugar, porque aunque yo ya lo sé, aún es muy pronto para que ellos lo entiendan. Y para ellos no existe un lugar mejor para mí, que estando al lado suyo.
No asegures que Dios quiso llevarme a su lado, porque lo verán como el villano de la historia. Dales tiempo de asimilarlo.

No los presiones, para ésta clase de adiós no hay tiempos, ni finalización de contratos.
Déjalos ser, permíteles viajar a su ritmo en ésta montaña rusa de emociones en la que a veces parecerán haberlo superado, para luego volver a tocar fondo.

Reza, inclúyelos en tus oraciones, y pídele a Dios para que nunca los suelte de su amorosa mano.
Y nunca, jamás los veas con lástima. Solamente los campeones pasan por ésta clase de pruebas.
Ámalos mucho, demuéstrales de una y mil maneras todo ése amor que en éstos momentos estoy intentando transmitirles.

Bendícelos, y dales las gracias de mi parte.

De todos los lugares en el mundo a los que pude llegar, Dios eligió enviarme al hogar ideal.
Y agradezco y Bendigo cada instante que me permitió disfrutarlos.

Diles cuánto los amo, y que aunque no me vean, yo seguiré presente.

Porque continuaré viviendo en sus corazones, hasta el día en que nuevamente nos volvamos a encontrar.

Y ése encuentro será para ya no separarnos más.
Gracias, de todo corazón.
Con amor eterno:
Andrés.

Escrito por Luz Elva Herrera de Gómez, en honor y por amor a Andréz Pérez Mendoza. Monterrey, Nuevo León. 28 de Noviembre de 2015.

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